Uno crece en la inteligencia de que los espejos devuelven fielmente la imagen de quien se les pone delante. Y es una convicción muy fuerte, muy fuerte. Hasta que por ahí alguien, alguna mano malvada, empieza a fabricar espejos que deforman, espejos que no devuelven la verdad, sino la mentira. Entonces uno a la mañana se va a afeitar, y ve una persona rubia uno que es morocho, una persona distinta a lo que es uno. Y uno tiene tanta confianza en los espejos, que incluso prevalece esa confianza por encima de la realidad. Y uno que se sabe morocho, que ha vivido una morocha vida durante tantos años, que ha andado entre morochos, se ve rubio en el espejo y empieza a asumir rubias conductas. ¿Por qué? Porque desde chicos nos han dicho que el espejo no miente.
Yo creo que, a lo mejor, ha llegado el tiempo de desconfiar del espejo, de desconfiar del espejo y de pensar que, a lo mejor, los fabricantes de espejos tienen intereses inconfesables que nosotros no conocemos, intereses entre los cuales figura el de lograr que nosotros nos creamos rubios siendo que somos morochos.
Así que a lo mejor, más que mirar al espejo, hay que preguntarle al de al lado, al que también es morocho, al que vive como nosotros, a ver cómo nos ve, a ver qué le pasa, a ver qué siente. Y, a lo mejor, hay que ver más la realidad, y menos el espejo de la realidad, porque a veces ese espejo está tendenciosamente modificado y es fraudulento.
jueves 19 de noviembre de 2009
Opinión de Alejandro Dolina
lunes 16 de noviembre de 2009
Comentario de Jesús Martín-Barbero
Es en el barrio donde las clases populares pueden establecer solidaridades durareras y personalizadas. Porque es en ese espacio donde quedar sin trabajo no significa perder la identidad, esto es, dejar de ser el hijo de fulano o padre de mengano. Y frente a lo que sucede en los barrios residenciales de clases altas y medias altas, donde las relaciones se establecen más con base en lazos profesionales que de vencidad, pertenecer al barrio para las clases populares significa poder ser reconocido en cualquier circunstancia.
lunes 9 de noviembre de 2009
Militancia
Las emociones por las que transcurre una persona cuando milita son absolutamente indescriptibles para alguien que no lo haga. Es tener un proyecto, militarlo, pelearla, y que se caiga, triunfe, tambalee, siga, tiemble, retroceda, caiga, se levante y siga, corra, tropiece, siga de nuevo, y más, y más. Definitivamente, no cambio por nada esas emociones, y lo que se gana con esta experiencia, por más que a veces duela, y a veces no se pueda más.
domingo 8 de noviembre de 2009
Sobre los resultados de las elecciones 2009
El viernes a la noche todos me decían que esto no acababa acá, que la lucha seguía, que ser oposición... Me dijeron tantas cosas y yo no quería saber más nada de nada, sólo quería irme, quería dormir, quería esconderme y dejar pasar lo que estaba pasando. Estos últimos tres días fueron muy intensos, y por un momento pensé que fue trabajo en vano: dejamos todo, pusimos los huevos, los ovarios, y los dejamos en la cancha que nos comimos de ocho a seis. No dejamos una persona sin saber qué planteábamos, sin que escuchara nuestras propuestas. Y sin embargo, seis votos fatalistas nos dejaron un paso más atrás en la lucha...
Pero hoy me levanté mejor, me levanté descansado y feliz de lo que habíamos hecho, un poco acongojado por el resultado final pero nada más. ¿Por qué? Porque militamos, militamos muchísimo... Militamos con alegría, con garra, con pasión, con valor, y al lado de los nuestros, los que nos contuvieron en todo momento, y eso no nos lo quita ni la Walsh, ni Verano, ni el mayor de los aparatos de la historia argentina.
La lucha continúa ahora, ahora somos oposición, como no paraba de repetirme el Rapa, y eso tiene su propio atractivo, sus ventajas y sus desventajas... Vamos a organizar a los compañeros, y el año que viene volveremos, yo lo sé, y la izquierda va a recuperar el centro que le pertenece, se lo vamos a sacar de las garras al peronismo facho, a la Lorenzo Miguel... Se van a caer solos, porque son inoperantes, inútiles, forros y pelotudos.
Y si no volvemos a ganar no importa, porque sabemos que nosotros dejamos todo, que nadie nos dice lo que tenemos que hacer, que decir, que pensar, hacemos nuestra propia política, con el corazón, con nuestros valores, con nuestros ideales, y por el cambio, por la revolución.
No bajemos los brazos, ahora menos que nunca, vamos a ganarle a la derecha y la universidad será para el pueblo, pues así debe ser.
¡FUERZA!
Pero hoy me levanté mejor, me levanté descansado y feliz de lo que habíamos hecho, un poco acongojado por el resultado final pero nada más. ¿Por qué? Porque militamos, militamos muchísimo... Militamos con alegría, con garra, con pasión, con valor, y al lado de los nuestros, los que nos contuvieron en todo momento, y eso no nos lo quita ni la Walsh, ni Verano, ni el mayor de los aparatos de la historia argentina.
La lucha continúa ahora, ahora somos oposición, como no paraba de repetirme el Rapa, y eso tiene su propio atractivo, sus ventajas y sus desventajas... Vamos a organizar a los compañeros, y el año que viene volveremos, yo lo sé, y la izquierda va a recuperar el centro que le pertenece, se lo vamos a sacar de las garras al peronismo facho, a la Lorenzo Miguel... Se van a caer solos, porque son inoperantes, inútiles, forros y pelotudos.
Y si no volvemos a ganar no importa, porque sabemos que nosotros dejamos todo, que nadie nos dice lo que tenemos que hacer, que decir, que pensar, hacemos nuestra propia política, con el corazón, con nuestros valores, con nuestros ideales, y por el cambio, por la revolución.
No bajemos los brazos, ahora menos que nunca, vamos a ganarle a la derecha y la universidad será para el pueblo, pues así debe ser.
¡FUERZA!
Somos de la gloriosa juventud de diciembre, la que estuvo en la plaza, la que estuvo en el puente
No queremos Cristina, no queremos patrones, ¡queremos un gobierno de los trabajadores!
No tengo nada que perder, por eso yo soy piquetero, el pingüino represor nos mete preso, nos tiene miedo.
Porque sabe que no vamos a transar con el gobierno, porque sabe que cada vez somos más, somos el pueblo.
No te des por vencido, ni aun vencido.
No te sientas esclavo, ni aun esclavo
Trémulo de pavor piénsate bravo,
y arremete feroz ya malherido.
jueves 22 de octubre de 2009
Opinión de Alcira Argumedo
El problema de la Argentina entonces es político. La Argentina tiene recursos naturales y humanos excepcionales para salir adelante. Primero que somos 37 millones de tipo en un territorio equivalente a la suma de Portugal, España, Francia, Italia, Bélgica y Holanda, territorio que por lo demás es absolutamente pródigo. Pero además, con una población que ha demostrado dos cosas: primero que tiene grandes reservas sociales y morales frente a la corrupción siniestra que estamos viviendo, hay tres millones de personas en la Argentina en trabajos voluntarios. No ONG, sino trabajos voluntarios de solidaridad, es decir el 10 % de la población, lo que es altísimo-; y segundo, que frente a la crisis ha demostrado una gran capacidad de inventiva , de innovación y de creatividad. Por ejemplo esta articulación de economías paralelas a través del trueque, la recuperación de más de 130 o 140 fábricas por parte de trabajadores empleados y técnicos, después de que los empresarios las habían fundido o vaciado, y que ahora las están haciendo producir con alto rendimiento, alta calidad y en algunos casos están exportando; todo el fenómeno del movimiento de desocupados, importantísimo en términos sociales, porque permitió revertir todo un mecanismo de disciplina social de quiebra de la voluntad de pelear como es la desocupación.
miércoles 21 de octubre de 2009
Opinión de Richard Stallman
Que las empresas tengan especial influencia en la política significa que la democracia está enferma. El propósito de la democracia es asegurarse de que los ricos no tengan una influencia proporcional a su riqueza. Y si tienen más influencia que tú o que yo, eso significa que la democracia está fallando. Las leyes que obtienen de esta forma no tienen autoridad moral, sino la capacidad de hacer daño.
Subcomandante Marcos
Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en CU, judío en la Alemania nazi, ombudsman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro de la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la bolsa de New York, reportero de nota de relleno en interiores, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el Sureste mexicano. En fin, Marcos es un ser humano cualquiera en este mundo. Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, explotadas, resistiendo, diciendo "¡ya basta!" Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.
Y Enzo también.
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